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Por: Cristina Coy Torres. Coordinadora de la región Occidente del Programa Félix y Susana.

La escuela, un entorno protector para niños y niñas.

Los niños y las niñas deben aprender sobre las relaciones humanas en entornos educativos protectores, como docentes, es nuestro deber convertirnos en referentes brindándoles las herramientas que los ayuden a comprenderlas.

El primer entorno protector de los niños y niñas es el hogar –la familia-, es el espacio llamado a crear y fortalecer vínculos afectivos que favorezcan el auto reconocimiento del niño y la niña como seres únicos, dignos y valiosos, que son condiciones básicas para su crecimiento y desarrollo. Este primer entorno convierte a padres, madres y/o cuidadores en los primeros depositarios del afecto y la confianza de niños y niñas, de quienes ellos y ellas esperan amor y protección.

Un segundo escenario de interacción y aprendizaje se vive en la escuela, el lugar donde niños y niñas redireccionan su necesidad de amor y protección en la figura de maestros, maestras, directivos e incluso, hacia otros niños y niñas.

Una institución educativa es determinante en la vida de niños y niñas, en la medida en que la educación es un acto de protección. Ello significa que el propio educador reconozca su papel como agente protector, que considere las características, capacidades, intereses y preocupaciones de niños y niñas; favoreciendo así, un escenario pedagógico óptimo para la participación infantil.

Dicho escenario obliga a superar el lenguaje adulto que con frecuencia, pretende orientar las prioridades y preocupaciones de niños y niñas, para promover la participación infantil, entendida como una práctica de expresión e intervención activa de niños y niñas en la toma de decisiones sobre las situaciones que les afectan y dentro de los entornos en que se desenvuelven.

En ese orden de ideas, el Programa Félix y Susana se interesa por promover los ambientes protectores a través del trabajo con educadores; y con padres y madres de familia, quienes son parte integral de la comunidad educativa y, por tanto, corresponsables de la generación y fortalecimiento de entornos educativos protectores. Así, educadores y familias se constituyen en el referente a partir del cual niños y niñas aprenden sobre las relaciones humanas.

El entorno educativo protector implica que cada establecimiento educativo disponga de mecanismos para actuar preventivamente ante todo tipo de riesgos: acoso o intimidación escolar, agresiones y delitos de connotación sexual, consumo de alcohol y sustancias psicoactivas, entre otros.

En ese sentido, Félix y Susana tiene la posibilidad de acentuar saberes y articular lenguajes institucionales, que permitan construir colectivamente acciones y compromisos frente a la protección de niños y niñas, delimitando alcances, roles y responsabilidades de parte de cada actor de la comunidad educativa.

No menos importante, es la posibilidad de apoyar las iniciativas institucionales y familiares relacionadas con el fortalecimiento del proyecto de vida de niños y niñas, partiendo de la promoción de habilidades comunicativas y relacionales; del autoconocimiento y el autocuidado; de la toma de decisiones responsables y autónomas; de la confianza en sí mismo; el autocontrol y la autosuficiencia; todas ellas condiciones imperativas para que niños y niñas se formen como sujetos críticos y reflexivos.